El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid celebró ayer, 8 de junio, la segunda sesión del ciclo «Violencia vicaria y animales: una nueva frontera jurídica en la protección integral frente a la violencia de género», organizado por las Secciones de Derecho de los Animales, Violencia de Género, Familia e Igualdad del ICAM. La jornada, inicialmente prevista en formato presencial, se desarrolló finalmente de forma online debido a la previsión de cortes de tráfico en tramos clave próximos a la sede colegial con motivo de la visita del Papa León XIV a Madrid.
La sesión fue inaugurada por Paloma Zabalgo, presidenta de la Sección de Familia del ICAM, quien subrayó la importancia de abordar una realidad todavía insuficientemente visibilizada: el uso del maltrato o la amenaza hacia los animales como instrumento de control, castigo o coacción emocional contra las víctimas de violencia de género. Zabalgo destacó que los animales forman parte del entorno afectivo de muchas víctimas y que su protección debe integrarse en una respuesta jurídica verdaderamente completa.
La mesa redonda estuvo moderada por Arancha Sanz, abogada del Consejo Asesor de la Sección de Derechos de los Animales, quien recordó que esta segunda sesión daba continuidad al ciclo iniciado en el mes de mayo, en el que ya se abordó la problemática desde la perspectiva de profesionales del ámbito social, psicológico y veterinario. En esta ocasión, el debate se centró en la visión judicial, jurídica y policial, con el objetivo de avanzar hacia una detección temprana y una actuación coordinada entre todos los operadores implicados.
La magistrada María Gavilán, del Tribunal de Instancia de Arganda del Rey, abordó la violencia vicaria ejercida a través de los animales desde la perspectiva penal y jurisprudencial. En su intervención, explicó cómo el animal puede ser utilizado como herramienta de dominación y sometimiento, aprovechando el vínculo emocional que mantiene con la víctima. Asimismo, analizó la evolución normativa tras el reconocimiento de los animales como seres dotados de sensibilidad y destacó la necesidad de avanzar en reformas que incluyan expresamente el maltrato animal dentro del concepto de violencia vicaria, así como de reforzar las medidas de protección en órdenes judiciales y valoraciones de riesgo.
Por su parte, Cristina Bécares, abogada, criminóloga y miembro de CoPPA, Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos, centró su intervención en la relación entre el maltrato animal y otras formas de violencia interpersonal. Desde una perspectiva basada en la evidencia científica, estadística y jurídica, explicó cómo el daño o la amenaza hacia los animales puede actuar como indicador de riesgo en contextos de violencia de género, violencia familiar o violencia hacia personas vulnerables. También analizó la evolución de las macroencuestas de violencia contra la mujer y el reflejo progresivo de esta realidad en la normativa y en la práctica jurídica.
La visión policial corrió a cargo de David Dorado, oficial de la Policía Municipal de Alcorcón, criminólogo y experto en bienestar y protección animal, quien defendió la necesidad de incorporar de forma clara a los animales en los protocolos de actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Dorado incidió en que los animales no deben ser considerados víctimas secundarias, sino víctimas directas de conductas violentas, y destacó la importancia de que los primeros intervinientes puedan detectar señales de maltrato animal en contextos de violencia de género. Asimismo, reclamó mayor formación, protocolos homogéneos y una mejor difusión de recursos como los programas de acogida temporal para animales de víctimas.
Durante el coloquio posterior, los ponentes coincidieron en la necesidad de reforzar la formación especializada, mejorar la coordinación entre la abogacía, la judicatura, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, los servicios sociales y los profesionales veterinarios, y avanzar hacia un marco normativo más claro que permita actuar con mayor eficacia. La sesión puso de manifiesto que no es posible comprender plenamente la violencia de género y la violencia vicaria sin atender también a la violencia ejercida contra los animales cuando se utiliza como mecanismo de control, amenaza, castigo o sometimiento.