Mabel Klimt defiende una IA al servicio del criterio jurídico y una innovación accesible para toda la abogacía en el taller de Abogacía Joven ICAM

Buscar información con fuentes verificables, trabajar sobre documentación, preparar borradores o transformar las indicaciones de un audio en materiales de trabajo. Estas fueron algunas de las aplicaciones que centraron la tercera edición de LEX EX MACHINA, celebrada el 14 de octubre en el Salón de Actos del ICAM y retransmitida online, con un amplio seguimiento.

Organizada por la Sección de Iniciación y Desarrollo Profesional y la Sección de Innovación y Abogacía, la jornada dio continuidad a un ciclo que comenzó en 2025 con un gran éxito de participación. Esta tercera sesión abrió su propuesta formativa a profesionales de distintas edades y trayectorias, con un objetivo común: conocer las posibilidades de la inteligencia artificial generativa mediante demostraciones vinculadas a tareas habituales del despacho.

El taller fue impartido por Pablo Sáez Hurtado, AI Senior Counsel en Delvy y abogado especializado en inteligencia artificial, derecho digital y gobernanza tecnológica. Participaron también Mabel Klimt, diputada de la Junta de Gobierno del ICAM responsable de Tecnología; Sara Molina y José Ramón Moratalla, copresidentes de la Sección de Innovación y Abogacía; y Celia Herrero, presidenta de la Sección de Iniciación y Desarrollo Profesional.

Mabel Klimt: formación para una transformación que alcanza a toda la profesión

En la inauguración, Mabel Klimt situó la formación y la capacidad de adaptación entre las prioridades de la abogacía ante la rápida incorporación de estas herramientas. La diputada destacó la evolución de un ciclo que nació especialmente orientado a los jóvenes profesionales y que ha extendido su alcance al conjunto de la profesión.

«Queremos que cualquier abogado con independencia de los años que lleve ejerciendo la profesión o del tamaño del despacho pueda conocer y aprovechar estas herramientas», afirmó. En este sentido, defendió que «la innovación no sea un privilegio reservado para unos pocos» y que tanto quienes acaban de colegiarse como quienes acumulan décadas de ejercicio encuentren en el ICAM la formación y el apoyo necesarios.

Klimt explicó que la IA permite analizar documentos, organizar información y preparar borradores, pero también obliga a revisar cuestiones esenciales para el ejercicio: la confidencialidad, la verificación de las respuestas y los límites de la responsabilidad profesional. «¿Dónde termina la ayuda de la herramienta? ¿Y dónde comienza nuestra responsabilidad profesional?», planteó.

Frente a la capacidad de estas tecnologías para producir respuestas convincentes, recordó que «que sea verosímil no quiere decir que necesariamente sea correcto». Por ello, reivindicó el papel del abogado en la valoración del asunto, la elección de la estrategia y la relación de confianza con el cliente. Como señaló, una herramienta puede ayudar a redactar un escrito, «pero que no conoce la historia personal de quien acude al despacho».

La diputada amplió además la reflexión a la función social de la abogacía en la transformación tecnológica y a su papel en la defensa de los derechos y libertades. «La tecnología, por lo tanto, […] debe ayudarnos a reducir las diferencias de recursos entre profesionales y en la sociedad y no ampliarlas», sostuvo.

Aprender a utilizar el tiempo para aportar más valor

Sara Molina destacó la importancia de conocer las capacidades y los límites de la IA para mejorar el servicio al cliente. Para explicarlo, recurrió a la fábula del leñador que interrumpe su trabajo para afilar el hacha: «No estaba descansando, estaba afilando el hacha».

A partir de esta imagen, invitó a aprovechar el tiempo que proporcionan las herramientas para reflexionar sobre «cómo podemos dar valor al cliente», vinculando la eficiencia con una mejor organización del trabajo y una atención de mayor calidad.

Por su parte, Celia Herrero puso el acento en la orientación práctica del ciclo y en la demanda de una formación que permita experimentar directamente con la tecnología. El propósito, señaló, es coger «el ordenador y ponernos a trabajar». Asimismo, animó a los asistentes a seguir las explicaciones desde sus equipos para familiarizarse con las distintas herramientas.

Elegir la herramienta, aportar contexto y comprobar las fuentes

«La sesión de hoy va a ser puramente práctica», anunció Pablo Sáez Hurtado al iniciar un recorrido por ChatGPT, Grok, Gemini y NotebookLM. Sus demostraciones mostraron cómo combinar herramientas para resolver distintas fases de una tarea, desde la localización de información hasta la preparación de un documento.

El ponente abordó, en primer lugar, la conveniencia de elegir el modelo y el nivel de razonamiento en función del trabajo. Una comunicación logística y una consulta jurídica compleja requieren recursos distintos, por lo que recomendó valorar la dificultad del encargo, las funcionalidades disponibles y los límites de uso antes de seleccionar una opción.

Sáez destacó también la importancia de explicar a la herramienta qué se necesita, con qué documentación debe trabajar y cuál será el destino del resultado. «La cuestión más bien es el contexto», resumió. En este ámbito, mostró posibilidades para guardar y reutilizar instrucciones, así como funciones de dictado por voz y organización de las ventanas de trabajo.

La búsqueda de información con enlaces a las fuentes ocupó una parte central del taller. A través de un supuesto sobre las consecuencias jurídicas del impago de una renta, explicó cómo solicitar una respuesta documentada y convertirla después en un resumen de trabajo. La demostración sirvió también para insistir en que las referencias normativas y las conclusiones deben comprobarse: «Todas estas cuestiones, evidentemente, hay que revisarlas con profundidad».

Durante la sesión se exploraron igualmente las posibilidades de editar borradores en un lienzo de trabajo, exportar resultados a documentos y combinar varias herramientas dentro de un mismo proceso. El enfoque permitió visualizar cómo la IA puede apoyar las labores de investigación, síntesis y preparación de materiales que forman parte de la actividad cotidiana del despacho.

De los audios a los documentos y las aplicaciones internas

Entre los ejemplos expuestos, Sáez mostró el uso de NotebookLM para transcribir audios y aprovechar después su contenido en otras tareas. Mediante este procedimiento, explicó cómo trasladar indicaciones recibidas por voz a la revisión de una presentación o a la preparación de materiales, atendiendo siempre a las exigencias de confidencialidad.

El taller incluyó también una aproximación a la creación de pequeñas aplicaciones de apoyo a la organización interna sin conocimientos de programación, a partir de instrucciones en lenguaje natural y sucesivas revisiones del resultado.

Estas posibilidades dieron paso a una reflexión sobre las condiciones de uso de los servicios y la necesidad de examinar las garantías de cada entorno antes de incorporar información de clientes. La protección de datos, el secreto profesional y la revisión de los resultados estuvieron presentes a lo largo de toda la formación.

Recursos para seguir avanzando en un uso responsable

El turno de preguntas permitió profundizar en la elección de herramientas, las búsquedas programadas, las conexiones con calendarios y los riesgos de delegar determinadas acciones en sistemas automatizados.

En la clausura, José Ramón Moratalla agradeció a Pablo Sáez su «clase magistral» y animó a los asistentes a consultar la guía del ICAM sobre el uso responsable de la inteligencia artificial y a participar en las actividades de las Secciones.

Moratalla planteó asimismo la conveniencia de avanzar en un protocolo para la conexión de agentes de IA entre despachos y otros operadores jurídicos, como una línea de trabajo ante el desarrollo de sistemas con mayor capacidad de actuación autónoma.

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