El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) acogió el pasado 25 de febrero un emotivo acto organizado por su Sección de Derecho Bancario en memoria de Enrique Piñel López, recientemente fallecido, quien a lo largo de una dilatada y fructífera carrera profesional como jurista, aportó siempre con rigor y generosidad sus amplios y profundos conocimientos y amplia experiencia a la comunidad jurídica.
Compañeros, discípulos, amigos y familiares se dieron cita en el Salón de Actos del Colegio para rendir tributo a quien, como coincidieron en señalar todos los intervinientes, fue no solo un extraordinario jurista, sino un maestro generoso, un servidor público ejemplar y, ante todo, un Abogado en el sentido más pleno de la palabra.

José Ramón Couso: “No debe ser un acto triste, sino un acto de justicia”
El acto fue inaugurado por el Diputado 2º de la Junta de Gobierno del ICAM y presidente de la Sección de Derecho Bancario, José Ramón Couso, quien dio la bienvenida en nombre de la Junta de Gobierno y del decano, Eugenio Ribón.
Desde el inicio, Couso quiso marcar el tono del homenaje: “Hoy vamos a celebrar un acto de recuerdo, un acto de homenaje, un acto de justicia. No debe ser, en mi opinión, un acto triste, sino debe ser un acto de reconocimiento”.
El Diputado destacó la dimensión integral de Piñel como jurista, maestro y servidor público, subrayando que “no puede entenderse la figura de Enrique sin su vinculación al Derecho. Es absolutamente imposible”. Recordó su “seriedad como jurista”, su constante disposición a aconsejar con generosidad —“siempre dispuesto a compartir sus opiniones y consejos”— y su profundo sentido institucional como servidor público.
Couso evocó también un detalle que sintetizaba su identidad profesional: “firmaba algunos emails, con una sola palabra: ‘Abogado’”. Para el Diputado, ese gesto reflejaba la esencia de quien vivió su profesión con rigor, rectitud y vocación de servicio: “Era una persona de Justicia. Por eso este es un acto de Justicia”.

Alfredo Lafita: “Con Enrique era fácil”
El primero de los ponentes fue Alfredo Lafita, Abogado del Estado, expresidente y consejero en diversas entidades financieras, amigo y compañero de Enrique Piñel desde la universidad. Visiblemente emocionado, afirmó: “Enrique Piñel ha sido una persona extraordinaria, un hombre fuera de serie en todos los sentidos”.
Lafita repasó casi siete décadas de amistad y trayectoria compartida, desde la Facultad de Derecho hasta su labor conjunta en Banca March, la Fundación Juan March y múltiples órganos del sector financiero. Subrayó su lealtad institucional y su capacidad para armonizar intereses públicos y privados.
“Con independencia de todas las cualidades y de todos los éxitos que haya podido alcanzar Enrique, para mí lo más importante que ha realizado ha sido su matrimonio y la familia que ha formado”. Y concluyó con una afirmación que arrancó asentimientos en la sala: “A lo largo de la vida hemos tropezado con dificultades y problemas. Afortunadamente pocos, que siempre hemos afrontado conjuntamente, unidos en la misma línea. Y sin que suene a elogio póstumo, sin haber tenido nunca ningún roce ni la menor discusión. Yo os digo que con Enrique era fácil”, concluyó.

Carmen Alonso: “No se limitaba a asistir: intervenía con rigor y exhaustividad”
A continuación intervino Carmen Alonso, catedrática de Derecho Mercantil y presidenta de la Sección Mercantil de la Comisión General de Codificación, donde coincidió con Piñel durante más de tres décadas. Alonso destacó su dedicación incansable: “En la Comisión General de Codificación no faltó prácticamente ningún día”. Y subrayó que su presencia no era meramente formal: “No se limitaba simplemente a asistir, sino que intervenía de manera exhaustiva, con rigor y competencia en todos los anteproyectos”.
Recordó especialmente su papel en la redacción de la parte de contratos bancarios y financieros del frustrado Código Mercantil y su labor de coordinación técnica, siempre desde la exigencia y la honestidad intelectual.
En el plano humano, destacó su exquisita educación y trato personal: “Era una persona extremadamente educada, muy correcta en su trato con todo el mundo, con un trato exquisito”.

Francisco Uría: “Fue un maestro en el sentido más pleno de la palabra”
El tercer ponente fue Francisco Uría, Abogado del Estado en excedencia y director general del Instituto Español de Banca y Finanzas en CUNEF Universidad, quien se definió como discípulo y sucesor de Piñel en diversas responsabilidades.
Uría puso el acento en su magisterio: “Si tuviera que buscar la palabra que mejor le describe es la que ha usado José Ramón al principio: maestro”. Y añadió: “Enrique Piñel fue siempre enormemente generoso en compartir su enorme conocimiento, su enorme sabiduría”.
“Era capaz de dominar todos los esquemas teóricos desde el más alto rigor, pero al mismo tiempo descender a la solución práctica que realmente resolvía el problema”, aseguró. Para Uría, Piñel fue “una persona de deber”, alguien que “siempre hacía lo que creía que debía y siempre estaba donde debía estar”, y dejó una huella imborrable: “Hay un antes y un después en mi vida, en lo profesional y en lo personal, al haberme encontrado con Enrique Piñel”.

Augusto Piñel: “Gracias, papá, por enseñarnos a ser Abogados y a ser personas”
El momento más conmovedor de la tarde llegó con la intervención de su hijo, Augusto Piñel, quien tomó la palabra visiblemente emocionado para agradecer, en nombre de toda la familia, el cariño recibido.
No fue un discurso técnico ni institucional. Fue el testimonio íntimo de un hijo orgulloso que quiso compartir al Enrique padre, más allá del jurista brillante que todos admiraban. “Habéis sido de muchísima ayuda”, comenzó diciendo, reconociendo el consuelo que para la familia supusieron las llamadas, los mensajes y las muestras de afecto tras su fallecimiento.
Con la voz serena pero cargada de emoción, recordó cómo, incluso después de su jubilación, su padre siguió ejerciendo el Derecho movido únicamente por vocación y sentido del deber. Fundó su propio despacho y asesoraba a quienes lo necesitaban sin cobrar nada. Personas mayores que le esperaban a la salida de misa, vecinos con dudas sobre un testamento o un problema familiar: para todos tenía tiempo, escucha y consejo.

Pero, sobre todo, quiso subrayar la dimensión humana de su padre. Habló de su amor incondicional por su esposa, de su dedicación absoluta a sus cinco hijos y de la ilusión que le despertaban sus nietos. Describió a un hombre coherente, que vivía conforme a los principios que defendía profesionalmente: rectitud, responsabilidad y servicio.
Recordó también su serenidad ante los grandes retos, como la oposición al Cuerpo de Abogados del Estado, que afrontó con una confianza tranquila y una ética del esfuerzo que marcó a toda la familia.
En los últimos compases de su intervención, Augusto dejó a un lado las anécdotas para dirigirse directamente a su padre, en un cierre que conmovió a todo el auditorio: “Es el mejor Abogado que conozco y por supuesto al que más quiero”. Una frase sencilla que resumió no solo una trayectoria profesional ejemplar, sino una vida vivida con coherencia, amor y vocación.
Además de las intervenciones desde la mesa, también quisieron tomar la palabra desde el atril numerosas personalidades que no quisieron perderse el homenaje. Intervinieron Sebastián Albella, Abogado del Estado y expresidente de la CNMV y socio de Linklaters; Idoya Arteagabeitia, Abogada del Estado y directora de Regulación Corporativa en Telefónica; José Ramón del Caño, Abogado del Estado y consejero secretario general de Corporación Financiera Alba; Alfonso Caro, Abogado, exasesor jurídico de la AEB; José María Mohedano, Abogado y socio de Dikei Abogados; Javier Priego, secretario general del Banco de España; Juana Pulgar, catedrática de Derecho Mercantil y vocal de la Comisión General de Codificación y of counsel en Latham Watkins; y Javier Rodríguez Pellitero, Abogado del Estado y secretario general de la AEB.








Un legado vivo en el ICAM
El acto fue clausurado por el secretario de la Junta de Gobierno del ICAM, José Ignacio Monedero, quien agradeció la presencia de la familia y de los compañeros y subrayó que los homenajes a colegiados fallecidos son, junto a la bienvenida a nuevos Abogados y el reconocimiento a quienes cumplen décadas de ejercicio, los actos más significativos de la institución.
“Este colegio no es un colegio ingrato”, afirmó, recordando que el ICAM, fundado en 1597, conserva los expedientes de todos sus Abogados. De hecho, entregó a la familia una copia del expediente de colegiación de Enrique Piñel, incorporado el 27 de mayo de 1968, como símbolo de que su memoria permanecerá unida para siempre a la institución.

“Las instituciones no olvidan. El hombre fallece, pero su obra permanece”, concluyó, cerrando el acto como lo que fue, en sus palabras, un homenaje de gratitud.
Con este homenaje, el ICAM no solo recordó a uno de sus colegiados, sino que reafirmó los valores que él encarnó: rigor, servicio público, generosidad intelectual y compromiso inquebrantable con la abogacía.
Como resumió José Ramón Couso al inicio del acto, no fue una despedida triste, sino “un acto de Justicia”. Un acto que confirma que la figura y el magisterio de Enrique Piñel permanecen vivos en la institución y en la memoria de quienes aprendieron —y seguirán aprendiendo— de su ejemplo.